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Esta travesía fue muy distinta a las anteriores, sin selvas, ni desiertos. Atravesamos Europa del Este por detrás de lo que no hace tanto se conocía como la “cortina de hierro”. Cambiarían mucho, con respecto a otros viajes, las etnias, las costumbres, las culturas. Era algo nuevo. Uniríamos Estambul, en Turquía, con Moscú, en Rusia, pasando por Bulgaria, Rumania, Moldavia y Ucrania.
También sería la primera travesía íntegramente basada en la web y las redes sociales. En todos y cada uno de los lugares donde paramos, alguien nos esperaba o había colaborado de alguna manera para que lo hiciéramos. Maravillosa experiencia, mezcla de idiomas y raíces étnicas unidas virtualmente en pos de ayudar a esta extraña familia cuya historia, ya plasmada en las redes, hacía más fácil el nexo. Nuestra historia era tangible y las imágenes posteadas en la web generaban, así lo estimo, la confianza suficiente para que nos abrieran sus puertas y sus vidas, al menos por un ratito.