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Los tambores de los monasterios, que empezaron a sonar cuando todavía era de noche, ponían la piel de gallina. Era el anuncio de la ceremonia que comenzaba. Centenares de monjes, ataviados de naranja, salieron al mismo tiempo a las calles y comenzaron a avanzar en fila, una muy larga fila, por el centro de Luan Prabang, en el norte de Laos.