El sol comenzó a emerger en el horizonte y con él, centenas de globos que despegaban de todas partes. Era especialmente bello. Luego de ascender, empezamos a flotar sobre esa mágica geografía, otra sensación alucinante que no se puede comparar con ningún vuelo en avión: libres, sin ataduras, sin encierro, sin ventanillas. Todos disfrutábamos, pero en especial nuestra reina Alejandra1. Para ella, no era un sueño entre tantos, era su sueño y allí estaba, amaneciendo en un globo, inmersa en un mar de colores y formas sobre el cielo de la mágica Capadocia…











