El Chino (bajo ese apodo lo conocimos) nos cruzó a México en su vehículo con placas no visibles. Me vino a la mente una discusión, años atrás, con una querida doctora llamada Raquel, en un arduo debate sobre la necesidad o no de la profilaxis para la malaria en Camboya. Según ella, hacía falta; según mis investigaciones, no. Hasta que no aguantó más y me dijo de forma tajante: “Eduardo, disculpame, pero una persona normal, con cuatro hijos, va a Disney”. Dio media vuelta y se fue, dejándome a solas para reflexionar sobre mi “normalidad”. En esta situación, varados en la frontera de Belice, hubiera dicho algo así como: “Eduardo, una persona normal, con cuatro hijos, no sube a la camioneta del Chino”.














